El primer tramo de esta etapa del GR 262 entre Peñarroyas y Obón está recogido como Lugar de Interés Geológico en Aragón. Peñarroyas está emplazada en el límite entre los estratos geológicos del Carbonífero (con más de 300 millones de años), fácilmente identificables por su color de tonos pardos y grisáceos a la entrada de la localidad que contrastan con las areniscas triásicas del Buntsandtein de marcado color rojizo. Varios puntos de interés geológico con pies temáticos interpretativos (fallas, huellas de desecación poligonal, ripples…) dan forma a un recorrido empedrado desde la localidad hasta alcanzar el mirador del Portillo, paso que se abre en lo alto de las Peñas Royas.
El mirador ofrece una preciosa vista de los alrededores, destacando la policromía del paisaje, especialmente el contraste que se produce entre el color rojo de las areniscas, los grisáceos del carbonífero o los más claros de los paquetes calizos triásicos y jurásicos que enmarcan el sendero hasta Obón, con la nota variada de color que aportan el abundante pinar, los chopos del río y la diversidad de plantaciones en la huerta.
Desde el alto del mirador del Portillo el sendero inicia su descenso. Otro desvío nos acerca en unos 10 minutos hasta un mirador sobre los cañones del rodeno que dan forma serpenteante al río Martín, donde se localiza la reproducción de unas icnitas de un Arcosaurio (un reptil del Triásico) que aparecieron en este espectacular entorno.
El GR continúa descendiendo, pasando por los castellones, caprichosas formas geológicas que se asemejan como su nombre indica a un castillo y que la erosión labró sobre dolomías blanquecinas todavía del triásico, hasta llegar a una pasarela anclada a las rocas salvando así el paso por el agua. En la otra margen del río las ruinas o restos de la ermita de San Quiteria de tradición románica. En el caso que esta pasarela no esté operativa, es factible utilizar una variante del sendero, conocida como vuelta a los palomares, que rodea esta zona de encañonamientos hasta el barranco de la Val, configurando también un bucle senderista.
Después tras un pequeño repecho, llanearemos por unos cortados rocosos muy cerca ya de la zona de las oliveras y cruzaremos el barranco de la Val. De nuevo el sendero baja hasta el mismo río, adentrándose otra vez por unos encañonamientos que nos obligan a utilizar unas sirgas pasamanos y grapas o pisas ancladas en la roca que nos permitirán, no sin ciertos equilibrios, superar el cauce sin necesidad de descalzarnos, algo que tampoco debemos descartar pues todo depende del curso del río y de si alguna crecida reciente lo ha modificado.
Después de superar estos desfiladeros, el sendero asciende serpenteante hasta el collado de la Rocha para llanear por la ladera, observando las hoces y cantiles que el agua ha ido esculpiendo en las calizas jurásicas por las que el río Martín se abrió paso.
De nuevo se desciende buscando el cauce. Aquí dos zonas donde se localizan sendos abrigos con pinturas rupestres declaradas Patrimonio Mundial en 1998. Los enrejados de protección impiden acceder a su interior salvo si se va acompañado de un guía autorizado. Las pinturas del Cerrao se observan claramente desde fuera del enrejado. No así las del Hocino de Chornas, a las que se accede por una escalera de hierro anclada en la roca hasta la reja que cierra la cavidad, y cuyas pinturas negras quedan muy difuminadas con el color ennegrecido del soporte rocoso de la cueva, siendo apenas perceptibles desde fuera del enrejado.
Por la margen izquierda del río al amparo de los encañonamientos calizos y entre abundante vegetación de ribera, llegaremos a los entornos de la Fuente del Batán acondicionada con mesas merendero y donde podemos descansar y tomar un tentempié. Después Cruzaremos de nuevo el río en dos ocasiones, por pasarelas si están en su lugar y no han sido desplazadas por crecidas del río, y en apenas 30 minutos llegaremos a Obón.















